RELATOS

Una vez iniciado el movimiento supe que no habría marcha atrás, sería difícil regresar a aquello que fui. Hoy soy otro ser: curtido, compañero del esfuerzo, amante de mis kilómetros. Sólo el fin de mis días debería obligarme a parar: ese es mi pequeño sueño.

sábado, 18 de noviembre de 2017

VALENCIA NOS ESPERA: ¡A POR LA 4ª MARATÓN DE MERCEDES. EN MI CASO YA PERDÍ LA CUENTA

A punto de salir los cuatro destino a Valencia, Merche está de los nervios porque siente que no va a pasearse sino a darlo todo, no lo puede evitar. Yo trataré de ayudarle a conseguir que termine contenta y remate así un gran año.

Hace 3 años y medio corría su primera media maratón, la de Madrid, y desde entonces ha llovido mucho, o poco, por desgracia. Se nos ha convertido en una auténtica fondista que no hace ascos a los kilómetros, cuantos más mejor. Ya lleva una docena de medias maratones, cuatro maratones si contamos con la de mañana, dos ultras (de 73 y 64 kilómetros) y un montón de carreras de montaña, algunas de más de 30 kilómetros y verdaderamente complicadas. Y lo mejor es que me da la sensación que lo mejor está por llegar

¡A conquistar Valencia!


VIERNES 17: CERRANDO UNA SEMANA DE PURO TAPERING

Esta semana ha sido de "previa" a una maratón, aunque no nos engañemos, la maratón la va a disputar mi mujer, yo sólo la voy a acompañar. En cualquier caso correremos en Valencia y trataremos que para mi sea un nuevo punto de inflexión para tomar impulso.

Esto es lo que ha acontecido:



SEMANA 13 (tapering) . MES DE NOVIEMBRE.
Sábado 11: 16 kilómetros con Merche a 5´42´´ de media.
Domingo 12: descanso.
Lunes 13: 10 kilómetros con interval 1´fuerte y 1´30´´ suaves.
Martes 14: 9 kilómetros con Merche suaves.
Miércoles 15: descanso
Jueves 16: 9 kilómetros a ritmo medio.
Viernes 17: descanso
TOTAL:  44 KILÓMETROS

viernes, 17 de noviembre de 2017

JUEVES 16: CUANDO CORRER ES POR ALGO

Hay entrenos sacrificados, también los hay insulsos, algunos un desastre, otros transitorios, los menos maravillosos..., el de ayer jueves fue un entreno "por algo". Desde el comienzo me encontré bien, pero no iba pensando en sensaciones, ni en ritmos, ni meditando haciéndome preguntas, tampoco estaba corriendo por disfrutar, ni por tanto disfrutando, corría como un propósito en sí mismo. Sé que cuesta cambiarse por las noches y ponerse a entrenar cuando no hay un podium esperando, ni siquiera una buena marca, cuesta buscar el porque, pero ayer sí sabía la razón, la razón es Sevilla, una maratón que tengo que hacer yo sólo y que tengo sufrir yo sólo para brindársela a mi padre, ese ser anónimo que tal y como vino se fue y que no me puedo quitar de la cabeza. Y por ello las zancadas tenían un fin, iniciar una nueva etapa, y por ello no me costó hacer los 10 kilómetros que hice.




MARTES 14: EL PLACER DE CORRER SUAVE Y SIN NINGÚN PROPÓSITO

El tapering tiene sesiones de esas que disfrutas porque corres muy suave y sin pretensiones, sin tener que mirar el ritmo, ni las sensaciones, tan sólo corres para mover las piernas, para que no se aplatanen. Eso hicimos Merche y yo el pasado martes, y además fuimos charlando sobre nuestro plan en Valencia, así que se hizo ameno y para nada desagradable. Una sesión de casi una hora en la que no haríamos ni 9 kilómetros.


LUNES 13: VÁMONOS A CASA

El domingo por la noche, ya en la cama, me costó conciliar el sueño, me había llegado la imagen de mi padre sentado en el inodoro del cuarto de baño de su casa, algo vivido justo unos días antes de su fallecimiento. Allí estábamos mi madre y yo tratando de ayudarle, ante su deterioro y le pude escuchar decir: "Tere vámonos a casa". Obviamente ya estaba en casa, pero su desorientación y cansancio le hacía vivir una realidad paralela. Tengo clavada esa frase la cual resuena de vez en cuando en mi cabeza desde entonces. 

El lunes por la tarde me coloqué el frontal y comencé el circuito del aérodromo con visibles molestias en mi pierna izquierda, aunque conforme fui calentando fueron remitiendo parcialmente. Sin embargo al comenzar los cambios de ritmo de 1 minuto comprobé que no iba a ser un entreno de disfrute; pero lo llevé lo mejor que pude, y la verdad es que conforme fue avanzando la sesión me fui encontrando algo mejor; unos 10 kilómetros que no me acercan ni me alejan de nada pero lo importante no es para que sirvieron sino que tenía en la cabeza cuando los hice: durante el entreno el recuerdo de mi padre me sirvió de acicate para mover las piernas, para sentirme vivo, para volver a esa casa a la que todos deberíamos regresar para sentirnos verdaderamente seguros, con los nuestros y para siempre. En el fondo es un grito inspirador, un salmo como principio de vida, una excusa para la satisfacción tras el sufrimiento; quizá tenga delante mía una pequeña misión: llevarle a casa, al menos desde mi universo, y para ello tengo una herramienta, mis zancadas.





DOMINGO 12: COMPROMISOS LABORALES QUE ME ALEJAN

El domingo por la mañana tenía un compromiso laboral en forma de Junta General de Accionistas por lo que intuía al comenzar la jornada que no podría salir a correr, algo que por otra parte no me preocupaba demasiado. Efectivamente, el evento terminó a la hora de comer, me quedé a comer con algunos compañeros y regresé a casa cuando acababa de anochecer, sin gana alguna de ponerme el frontal y salir a entrenar. En cambio Merche había salido a hacer 13 kilómetros que le habían sentado bien, aunque había notado alguna molestia en el abductor, que finalmente ha quedado en eso, una molestia.

Digamos que estamos de tapering


SÁBADO 11: INICIANDO UNA DE ESAS SEMANAS QUE SE IRÁ DE PERDIDA AL RÍO

Poca agua lleva el río, entre la sequía y la desmotivación el cauce baja muy escaso. Lo que queda de 2017 va a estar dedicado a Mercedes, y la única sorpresa que podría quedar sería la de convencerla para hacer juntos a finales de año la Valdepeñas-Linares de 104 kilómetros que tanta ilusión me hace, que no es una carrera, es un reto personal que me planteé hace ya más de dos años pero que por unas cosas u otras no he podido llevar a cabo...

En esta guisa tan sólo resta la finalización del plan para la Maratón de Valencia, evento muy importante para mi mujer y que en el momento de escribir esta entrada está a poco más de 40 horas. Merche se halla nerviosa, sabedora de que tiene el ritmo en sus piernas, llegando sin lesiones y en un buen estado de forma, quizá en el top de los top de su historial. Ahora yo tengo que hacer mi deberes y llevarla a hacer una buena marca, hacer lo que pueda por ella y rematar lo que sin duda podría ser su estupendo e increible 2017, con un montón de trofeos de montaña, ganando el Ultra de Los Castillos, batiendo sus marcas en maratón, media maratón y con la única espinita de no lograr su mejor marca en 10.000; quién sabe quizá esté a tiempo en Daimiel en unas semanas.

Pero estas líneas también han de servir para explicar qué hicimos aquel sábado 9 de noviembre. Nos lo tomamos como el último entreno exigente; en un principio con un circuito trazado de unos 19 kilómetros, por la zona sur del pueblo, pero como no me llevé GPS ni móvil con la ruta cargada sucedió lo que podía ocurrir, que a la primera de cambio me despisté y extravié el recorrido, por lo que finalmente salieron 16 kilómetros. El ritmo fue bueno y ví bien a Mercedes, que incluso tuvo que andar por terreno de labranza cuando le propuse no seguir por el camino por donde íbamos corriendo y atravesamos campo a través, y pese a todo nos salió una media de 5´42´´ y casi sin darnos cuenta. 

Pero no lo vamos a negar, en lo que a mi respecta hago gala del título de esta entrada: estas semanas, este otoño, se irá de perdido al río, otra maratón con un cartucho desperdiciado. Sólo me queda consolarme con la idea de que si me preparo en estas semanas podría llegar en buena condición a la Maratón de Sevilla, pero no me atrevo a inscribirme para no volver a cometer el error de ponerme a prepararla y en mitad de la preparación ver cómo surge algún inconveniente en forma de lesión o molestia que me hace ver que no estoy para enfrentarme a esa carrera. ¿Será que le he cogido miedo a esta distancia?, probablemente será. Mi padre puede esperar, lo que no sé es cuanto tiempo, no por él, que ya no está en este plano existencial, lo digo por mi, que se me pasa el arroz y no soy capaz de dedicarle mi sufrimiento como homenaje postumo en la distancia de Filipides.